(SOBRE)VIVIR
Finalmente, y al terminar cada día, sigo atormentándome con
mis propias sombras, infiernos y demonios. Continúo dando vueltas a todos esos
momentos de mi vida que sucedieron hace tantísimo tiempo.
Vuelvo a recordar y a vivir lo vivido. Todo lo que debería
haber olvidado hace ya mucho tiempo. Demasiado.
Hay momentos, a lo largo de mis días, en los que me asaltan
las dudas. Me veo preguntándome a mí misma si todo esto merece la pena. Si
tiene algún sentido seguir viviendo, o sobreviviendo, en este podrido mundo,
donde lo único que consigo es continuar destruyéndome poco a poco.
Soy fuerte, también débil. Pero esa parte de mí, la débil,
nunca la muestro. O casi nunca. Soy esa persona que subsiste cada día con esa
ridícula sonrisa pintada en la cara. Como si todos mis días fueran lo más
fantástico del mundo y mi vida fuera la mejor que podría tener.
No tengo el valor de llorar frente a nadie. Así pues, confío
demasiado en ti si algún día ves lágrimas correr por mis mejillas.
Sé vivir en este mundo porque aprendí que nadie da todo por
nada. Tuve que sacarme, desde siempre, las castañas del fuego.
Y sobrevivir.
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