TODO LO QUE JAMÁS TUVE EL VALOR DE CONTARTE

 He vivido demasiado. Sólo a veces. Pero nunca me he enamorado. Jamás tuve esas mariposillas en el estómago que dicen que se sienten.

Por ese motivo, y para mi suerte, tampoco he vivido nunca a la sombra de nadie. Jamás he dependido única y exclusivamente de otras opiniones.

Escribo desde hace tiempo, no demasiado, no suficiente. Me he inspirado mil veces en cosas banales y sin sentido, escribiendo en mis infinitas noches de insomnio.

Gracias a escribir, la presión en mi pecho se marchó. Encontré mi forma de desahogo.


El problema es que, aún escribiendo diccionarios completos sobre ti, nunca es suficiente. Nunca parecen esfumarse mis ganas de ti y de relatarte millones de opiniones, acciones y oportunidades perdidas.

Por todo esto y más, eso es para ti. También para mí. Para eliminarte de una vez por todas de mi vida y mi mente. Para deshacerme de ti, igual que tú hiciste conmigo, acallándome en tus recuerdos.


Quizá nunca llegues a leer siquiera estas primeras líneas, pero si lo haces, quizá no te sientas identificado. O quizá sí.


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