RAZONES

 He devorado por completo la serie de Netflix, “Por trece razones”. Y digo devorado porque no hay palabra que mejor lo resuma. No daba un duro por la serie y terminó enganchándome, y eso no se consigue muy a menudo conmigo.

Creo que lanza un mensaje duro y real a la sociedad.

Habla de bullying, algo demasiado sonado últimamente en todos los medios de comunicación y redes sociales.

También habla del suicidio, y de cómo pequeños actos, pequeñísimas cosas, pueden amontonarse hasta formar una gran montaña de problemas que lleva a alguien a cometerlo. Algo también demasiado en auge últimamente. Mirando unos meses atrás, hemos podido escuchar, ver o leer de jóvenes que se han quitado la vida en diferentes puntos del mundo, generalmente por abusos.

¿Qué nos está pasando? ¿Estamos perdiendo la poca humanidad que nos quedaba?

En lo personal, y volviendo a “Por trece razones”, en muchos puntos me he sentido identificada con Hannah. De un modo u otro, yo también sufrí burlas y mofas hace algún tiempo. De hecho, todavía hay alguna esporádicamente. He perdido amistades por lo que contaron otras bocas. Personas que ni siquiera han llegado a entablar una conversación conmigo.

He paseado entre miradas de odio, desaprobación y superioridad de personas que ni me conocen, pero creen hacerlo. No quiero ser otra víctima, pues parece que ahora todo el mundo ha sufrido bullying.

Soy fuerte. Supero las situaciones que están a mi alcance. Y las que no…procuro que no me afecten en mi día a día. Aunque en ocasiones es inevitable enfrentarse a ellas. Y te golpean de frente como en un ring de boxeo. Peleas con ello aún sabiendo que tu derrota está escrita. Después, vuelves a casa envuelto en moratones y magulladuras invisibles a simple vista. No se ven, pero los sientes.

Lo que ocurre, es que muchas veces, quizá demasiadas, el daño no se ve por fuera, no se aprecia. Todo lo llevas dentro, probablemente envuelto en capas de alegría sujetas con sonrisas.

No se nota. Y en realidad a nadie le importa si estás bien o mal, solo quieren desahogarse. Contar sus problemas, que les ofrezcan una solución o consejos directos y ya está. Fin del asunto.

El problema es que no todo el mundo es así. Existen personas que no escogen a alguien para desahogarse, si no para pasar un rato en buena compañía.

Hay quien oculta sus heridas invisibles al mundo. ¿Por qué? Quien sabe, hay demasiadas respuestas posibles.

Esas personas que no lo muestras, pero lo exteriorizan de alguna forma. Se desahogan de innumerables maneras.

Creo que deberíamos aprender a ver en otras personas signos de auxilio. Deberíamos tender de vez en cuando nuestra ayuda. Hablar es una gran terapia, a veces.

Hay mucho más allá de lo que vemos o creémos/queremos ver.


Comentarios

Entradas populares de este blog

HUYENDO DE LA REALIDAD

YA NO PUEDO HUIR

HURACÁN